XXXIX

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El dolor en las grietas sangrantes,

 crecidas en los nudillos de la piel trabajadora;

los párpados pesados, pesados

igual que si veinte lluvias se posaran en las pestañas;

continúo. 

Los labios grapados

han absorbido todo el carmín en su simpatía;

reciclado inseguro en la mente,

ya no retiene

y con ello olvida; 

continúo. 

En algún instante,

el que nadie cree que existe;

sonrío con verdadera necesidad

fuerte en el cansancio,

feliz en el dolor,

viva en la muerte,

muerta en la vida.

Hay siempre una razón:

saciar el alma,

alma que se presta a la carne;

carne que ni es suya

ni mía.  

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Invitado Viernes, 15 Diciembre 2017