Un trocito de UN CLAVEL EN EL DESIERTO.

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Solo un mar a mis ojos; un mar sin olas, sin peces, un mar seco que bañaba mis raíces: un manto de fina arena dorada. Mi savia corría prudente por las venas, mi tallo; se negaban a bailar con el viento. Sus hojas, desmandadas sin permiso, se atrevían en un vaivén deseando alzar el vuelo lejos de la piel… El sol contaba los días y abrasaba los pálpitos de mi pecho, la luna naufragaba con millones de ángeles vestidos de estrellas; luz siempre difusa que se filtra por mi agrietada carne,  que sedienta de una gota de rocío seguía siendo, para mí, joven…

Soñaba alcanzar la montaña más lejana, que apenas imaginaba su contorno cuando el día ruborizado se escondía tras ella. Visualicé en tarde de verano un puente en el cielo; colores diversos e incluso desconocidos me dieron sed; aun sabiendo que bajo mis pies solo hay más y más arena, continúan viajando, buscando, y mis pétalos esperando que el más puro néctar me sacie. El viento puede ser mi mejor amigo: sus manos me acarician, al notar mi miedo me envuelven, y otras veces, cuando está enojado y gruñe, no le importa que yo sea pequeñito, no piensa que su fuerza me debilita y me golpea hasta que roba parte de mi cuerpo y se lo lleva con él.



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Invitado Jueves, 14 Diciembre 2017
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