Ser de luz.

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INTRODUCCIÓN:

Existía una vez en el fondo de mi mente un frondoso parque repleto de amor subyacente; incluso el viento tenia que hacer espera para ocupar el balancín. Siempre él,  el último al caer la noche, podía balancearse tan alto que su reír se confundía con la lluvia.

 

Las moscas recelosas por ser tan chiquitinas y no alcanzar el tobogán planearon una estratagema:

-¿Y por qué no volamos hasta los hombros del primer niño de la cola y nos subimos con él?

Y así fue como también,  ellas pasaban las horas de sus tardes buscando cazar al niño que les ayudase a subir y deslizarse por aquel tobogán.

 

Los jóvenes también tenían un famoso juego llamado el pilla pilla;   las ratas que vivían bajo nuestros pies secretas en los alcantarillados también querían jugar, y es por ello que en las noches cuando los pies no hacen huellas en la tierra del parque, salían unas tras otras e imitaban el jugar de los jóvenes niños.

 

Las hormigas, ellas a diferencia, siempre estaban gruñonas:

-Otra vez nos han taponado la puerta de casa. ¿Cómo vamos a entrar con rapidez?

De nuevo, obreras ellas reconstruían la redonda entrada de su hormiguera, pero, no duraba mucho tiempo, pues entre carreras y risas algún que otro zapato terminaba arrastrando la tierra que pronto tornaba  cerrar la puerta.

 

La mariposas más coquetas que nada en el lugar, solo salían al parque para tomar el sol y dar retoques de purpurina a sus alas coloridas.

-Se pensaran que somos sus tumbonas-Replicaban las margaritas.

Pero ellas se sentían orgullosas demostrar sus maquillajes y no veían mal ponerse en los pétalos amarillos que tanto juego hacían con sus estilo.

 

Los gusanos, ocultos en el cajón de arena donde los mas infantes juegan a descubrir que es la propia arena, intentaban no estar de mal humor, ya que no podían dormir y en continuidad, cuando quieren comer suelen atragantarse, pues los dedos blandidos de inocencia los zarandean de derecha a izquierda; algunos, lo mas viejos ya han cogido la maña de deslizarse por los dedos, de manera que en ocasiones despiertan la alarma angustiosa por sus movimientos de aquellas niñas adultas, corriendo les suplican a su bebe que lo devuelvan a  la arena.

Posteriormente lo acunan en sus brazos y no le permiten volver a entrar…

Como con todo en la vida sucede, no siempre causa tal efecto, les parece curioso a los infantes no tan bebes que les hace cosquillas y quieren pasarlo por la palma de sus manos y brazos, y si no se los introducen en la boca es porque el vigilante sonriente llamado papá se acerca y le dice:

-Solo se juega con ellos, hijo no hagas eso.

Y algunas personas, hombres y mujeres; cotillean:

-por Dios, ¿Cómo puede dejar que toque algo tan repugnante?

Y los gusanos que no entienden el dialecto continúan su vida poco habitual en las montañas rusas de constituciones humano-idees.

 

En los arboles piaban unos pajaritos pequeños que se habían quedado sin alimento; pero su madre no debería de andar muy lejos.

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Invitado Viernes, 15 Diciembre 2017
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