Mi primera novela en proceso, aquí os dejo un pequeño trozo del capitulo uno, espero opiniones.

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El primer encuentro entre ambas es bastante cálido a pesar del ser el primero de muchos, al fin logro ver su rostro doblando mi cabeza y bajando mis hombros, y en efecto, y sin dudarlo, está sonriendo.

Intento no hacer una mueca de nausea cuando entre mis manos siento una textura blanda y peluda, y Alicia al parecer aun sonríe más al ver mi intento, al parecer, frustrado.

-Lo siento- Susurro a media voz, ella inquiere:

-¿Qué sientes el qué? A ver estas cogiendo, y por cierto no se a que esperas para tirarlo a al capazo de no lo comestible- y me señala un capazo negro que por increíble que parezca es el objeto en mejor estado que hasta ahora he visto en el lugar.-  en resumen, hasta el mas deteriorado o hambriento que aquí se halla, también pondría tal cara de angustia al mantener en su mano una fruta podrida, pero tan podrida que seguro que lleva gusanos de adentro a fuera.- Se carcajea al ver mi reacción tan exagerada como la de lanzar la fruta que no logro adivinar en su descomposición al capazo.- Al menos- continúa- no sería una cara tan chistosa, por que no estaría preocupado por mostrar su emoción de repugnancia.

Delicada, deja su quehacer, y me coge del brazo. Me lleva ante un pequeño agujero que es tan profundo que incluso han logrado que fluya el agua tan fresca como la de un pozo.

-Lavate las manos…

Mi cara otra vez parece que le hace gracia, y vuelve a sonreír.

-Tienes que coger ese cubo con la cuerda, dejarlo caer despacio y recoger con ello el agua.

Realmente, estaba casi a dos pies, pero estoy tan nerviosa, tan abrumada, a veces tan orgullosa de estas personas que no soy capaz de ver, a penas veo solo aquello en lo que me concentro en el momento, y nada más.

Recojo el agua y enjuago mis manos, también ya  puestos, me dejo caer agua por mi espalda, es tan helada que me hace sentir un frío enorme.

-Toma.

Me giro buscando la procedencia de esa voz que ya me es muy conocida, y encuentro al niño con la manta de su abuelo.

-Dice que sabía que te mojarías y que como eres una pobre novata no sabrías que eso podría enfermarte, y me ha mandado a entregarte su manta.

Impresionada, me doy la vuelta de nuevo, y veo al anciano sentado sobre una roca nada cómoda, con sus rodillas dobladas, y sus brazos rodeando su delgado cuerpecito que ahora solo se abriga por una camisa fina y “blanca” de botones marrones.

-Muchas gracias tesoro- Recibo entre mis brazos la manta, le doy un beso al niño,  cuco un ojo a Alicia- Has cumplido muy bien el mandato de tu abuelo.

Y sin pensarlo mas veces, y a sabiendas de que ese hombre mayor tiene un alma agradecida, y pretende agradecer mi amor por su nieto, me encamino para rechazarle su tan valiosa oferta, del que da sin tener, y del que protege otra salud sin cubrir la propia.

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Invitado Viernes, 15 Diciembre 2017
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